Pasión por una vida chévere: mi declaración de intenciones

Por: Ronald Howard (El ingeniero)

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Existe un mito muy arraigado que nos hace creer que la vida es una línea recta. Nos programan para estudiar, trabajar, cumplir metas y asumir que, al llegar a cierta etapa, el crecimiento personal simplemente se estabiliza, se detiene o, peor aún, se pierde y caminamos en reversa.

Sin embargo, la realidad es muy diferente: la vida es una constante serie de curvas, un proceso de prueba y error donde el verdadero desarrollo humano nunca se congela. Hoy no inicio este blog para plantear ideas teóricas o dar una clase académica; vengo a abrir una conversación sincera, a mostrar cómo la teoría cobra sentido cuando se vive en carne propia y, sobre todo, a recibir las experiencias de otros para continuar mi propio proceso de ser mejor persona.

Pedalear para mantener el equilibrio

Hace poco alcancé los 65 años y entré de lleno en lo que los libros llaman la adultez tardía. Podría ser el momento de sentarse a descansar, pero mi filosofía es otra. Como decía una frase que me acompaña siempre: “La vida es como ir en una bicicleta; para mantener el equilibrio tienes que pedalear”. Por eso, hoy sigo haciendo deporte —entrenando boxeo y nadando en aguas abiertas—, participando en eventos de actividad física y aprendiendo nuevas cosas en la universidad como estudiante de materias de psicología que me apasionan.

A esta edad, miro hacia atrás y siento la profunda satisfacción de poder decir “lo tengo todo”. Pero ese bienestar no llegó por arte de magia ni porque el camino fuera fácil. Llegó porque aprendí a evaluar cada curva y a entender que el crecimiento personal exige avanzar, incluso cuando no puedes ver el resultado inmediato de tus acciones, tal como ocurre hoy con el inicio de este blog.

Lo que la experiencia me ha enseñado

Una “vida chévere” no es una vida libre de problemas; eso no existe. A lo largo de mis etapas he enfrentado entornos agresivos, crisis financieras y momentos de baja regulación emocional donde el panorama se ponía realmente duro.

Lo que la experiencia y la psicología me han enseñado es que los factores de riesgo siempre van a estar ahí, en todas las edades de la vida, pero nosotros tenemos el poder de construir nuestros propios “factores protectores”. La disciplina, la curiosidad constante y la capacidad de dejarse enseñar son herramientas que vuelven cualquier dolor o dificultad algo atravesable.

Este blog nace con esa intención: ser un espacio abierto para compartir aprendizajes sobre el tiempo, las metas y el sentido de la vida. El desarrollo humano no se detiene; se transforma para permitirnos disfrutar la existencia cuando más se requiere. Al final del día, el que se atreve, gana.

Para ti, ¿qué ingrediente es indispensable para construir una vida chévere? Me encantaría leer tu opinión en los comentarios para que empecemos a pedalear juntos en este espacio.

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